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Turquía da marcha atrás en la expulsión del embajador de Canadá

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Después de los golpes de pecho, la desescalada. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, decidió finalmente este lunes no llevar a cabo su orden de expulsar a diez embajadores occidentales, entre ellos el de Canadá, a pesar de que la orden fue emitida con fuerza y pasión el pasado sábado.

Los diplomáticos objeto de la sanción -que representan a Estados Unidos, Canadá, Francia, Finlandia, Dinamarca, Alemania, Países Bajos, Nueva Zelanda, Noruega y Suecia- levantaron la ira del autoritario presidente al firmar un declaración conjuntael 18 de octubre en apoyo del opositor a Erdogan, el empresario y filántropo Osman Kavala, que, según ellos, está encarcelado injustamente desde 2017. Exigen, entre otras cosas, una «solución justa y rápida» del caso y su «liberación urgente».

La medida fue calificada de «ataque» e «insulto» al poder judicial turco por el presidente, que el sábado ordenó la expulsión de los diez embajadores «lo antes posible», pero no acompañó sus palabras con cartas oficiales.

El lunes por la mañana, el Ministerio de Asuntos Exteriores en Ottawa aún no sabía qué hacer tras el anuncio, fuera de los canales diplomáticos, de la expulsión del embajador canadiense. «Actualmente estamos en contacto con otras misiones relevantes para recabar más información y también estamos buscando más claridad por parte del gobierno turco», dijo el departamento Deber John Babcock, portavoz del Ministro.

Alemania, uno de los socios económicos más importantes de Turquía, también expresó su «preocupación» e «incomprensión» tras el anuncio de las expulsiones por parte de Erdogan. Recordó que «si las palabras del presidente turco se convirtieran en realidad, sería por supuesto una medida que no estaría en consonancia con [sa] estrecha relación bilateral [avec la Turquie]pero también con el hecho de que [les deux pays] son aliados en la OTAN», declaró en rueda de prensa el portavoz del Gobierno, Steffen Seibert.

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Actualizaciones occidentales

El lunes, las diez embajadas afectadas, incluida la de Canadá en la cuenta de Twitter de su misión diplomática en Ankara, emitieron breves aclaraciones en las que aseguraban haber actuado «de conformidad con la Convención de Viena y su artículo 41», que rige las relaciones diplomáticas y prohíbe cualquier injerencia en los asuntos internos del país anfitrión.

El presidente populista se apaciguó con estas declaraciones y, tras una reunión del Gobierno a última hora del lunes, rebajó la tensión diciendo que los embajadores occidentales se habían «echado atrás». «Nuestra intención no era crear una crisis» sino proteger los derechos soberanos de Turquía, añadió para justificar su propia retirada.

EE.UU. «reconoció» la decisión, pero se comprometió a «seguir promoviendo el Estado de Derecho» y el «respeto a los derechos humanos» en Turquía, dijo el portavoz diplomático estadounidense Ned Price.

Osman Kavala lleva cuatro años encarcelado sin ser juzgado, acusado de participar en un golpe de Estado contra Erdogan.

Al dar marcha atrás, Recep Tayyip Erdogan busca evitar una crisis diplomática sin precedentes entre Turquía y los países occidentales que son sus aliados. De los diez países cuyas misiones diplomáticas están amenazadas con sanciones por el populista, siete son miembros de la OTAN, de la que también forma parte Turquía, cinco son socios económicos clave y cuatro son miembros del G7. Los Países Bajos son también el mayor inversor extranjero en Turquía.

Una estrategia arriesgada

La amenaza de expulsión, formulada el sábado ante los partidarios del populista en un mitin político, se hizo con los habituales tintes nacionalistas para reforzar la base electoral de Erdogan, que, a menos de dos años de las próximas elecciones presidenciales, ve cómo se reduce su apoyo. Sin embargo, la estrategia era arriesgada, ya que al acercarse a esta base, el presidente también se acercó a una crisis que podría haber sido fatal para el país.

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En la apertura de los mercados del lunes, la lira turca cayó a su nivel más bajo tras la petición de expulsión de los diplomáticos, en un país ya muy afectado por el aumento de la inflación, que supera el 20%, según las últimas cifras oficiales, y el incremento del desempleo, que superó el 12% en agosto.

La maniobra de Erdogan tenía como objetivo, en parte, distraer la atención de los turcos del desmoronamiento del clima económico y social. «Erdogan está recurriendo a su estrategia populista para distraer la atención de los verdaderos problemas de Turquía», comentó Hasni Abidi, profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Ginebra (Suiza).

Erdogan recurre a su caudal de populismo para distraer la atención de los verdaderos problemas que se plantean hoy en Turquía

La tensión diplomática, si bien atestigua la frialdad de las relaciones entre Ankara y las principales capitales occidentales, también establece un clima poco propicio para el acercamiento, en un contexto en el que Erdogan, en el poder desde hace 19 años, es esperado el sábado en la cumbre del G20 en Roma, Italia, y el lunes en la conferencia de la ONU sobre el cambio climático (COP26) en Glasgow, Escocia.

Con la Agencia France-Presse

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Soy profesor universitario de economía, aficionado al golf y a los coches, y me gusta especialmente Asia. Vivo entre España y Portugal.