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¿Hacia una nueva (y violenta) guerra entre Rusia y Ucrania?

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La cumbre de la OSCE, que reúne a toda Europa, se celebró el jueves en Estocolmo, con el telón de fondo de la escalada de la cuestión ruso-ucraniana. Intervinieron el Secretario de Estado estadounidense Antony Blinken y el Ministro de Asuntos Exteriores ruso Sergei Lavrov, tras intercambiar acusaciones y amenazas. El jueves por la mañana, en Europe 1, nuestro editorialista Vincent Hervouet repasó lo que estaba en juego en esta cumbre, que desembocó en un posible encuentro entre Joe Biden y Vladimir Putin sobre el tema.

EDITO

En ruso, la palabra «Ucrania» significa «región interna». Si los servicios de inteligencia norteamericanos demuestran estar en lo cierto, Rusia consideraría la posibilidad de agredir a su región interna. Washington dice tener pruebas de ello. Las tropas se están acumulando a ambos lados de la frontera entre Rusia y Ucrania. El Secretario de Estado estadounidense Antony Blinken advierte a Moscú. Las sanciones estadounidenses serían muy fuertes. ¿Nos dirigimos a la guerra? No. Pero hemos estado en medio de una guerra durante casi ocho años. La guerra de baja intensidad con oscuros vericuetos: la guerra de la intoxicación y la provocación, no ha cesado desde 2014.

Guerra abierta

El húsar Roger Nimier comparó la guerra con el fútbol en los estadios y dijo que debería haber campos de guerra para los que les gusta morir al aire libre. Ucrania es una zona de guerra para la OTAN y Rusia. La gente muere regularmente al aire libre, en el calor o en el barro del Donbass. Hay unos diez mil muertos, sin contar Crimea. La isla se ha hecho a la mar. Plantea un problema insoluble para los diplomáticos que no pueden admitir que Crimea nunca volverá al redil ucraniano.

¿Un juicio de intenciones?

Washington habla de una invasión rusa de Ucrania y parece temerla. Antony Blinken dice que Rusia está planeando una agresión y que tiene pruebas de ello. Moscú aún no está agrediendo, pero lo está considerando seriamente. Blinken lo somete a un juicio de intenciones. Blinken se apoya en la formidable maquinaria de inteligencia estadounidense: observaciones por satélite, escuchas de comunicaciones, etc. Se dice que hay 90.000 rusos desplegados en la frontera. Esto ya ocurría en la primavera de 2021. Pero, a pesar de que las alarmas sonaban en Kiev, los estadounidenses habían comprobado que las tropas rusas no tenían lo suficiente para llevar a cabo una ofensiva. Esta vez, la amenaza es más creíble. El Secretario de Estado estadounidense denunció las maniobras de desestabilización de Ucrania y la movilización de material militar pesado para operaciones a gran escala. Esta vez Vladimir Putin levanta la voz y quiere que se le escuche.

Acusaciones mutuas

Los rusos lanzan las mismas acusaciones a los ucranianos, culpándoles de movilizar 125.000 soldados a sus puertas con armas pesadas. Moscú acusa a la OTAN de convertir a Ucrania en un búnker antirruso. El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, responde a su homólogo estadounidense, Antony Blinken, que es una «desfachatez» querer dictar al ejército ruso lo que tiene derecho a hacer en su propio territorio. Las posturas habituales y el afán de protagonismo persisten. Los rusos culpan a los ucranianos de incumplir el acuerdo que firmaron cuando estaban desesperados. Este acuerdo preveía la autonomía de las regiones de Lugansk y Donetsk y la amnistía para todos los implicados en los combates.

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¿Esperanza de una solución diplomática?

Los estadounidenses han inyectado dos mil quinientos millones de dólares en Kiev, lo que le ha permitido comprar equipos antitanques Javelin, drones asesinos, sistemas de seguimiento de última generación… Rusia tiene los medios para atacar, pero no sería una tarea fácil. Vladimir Putin dijo el miércoles que había que arreglar el vínculo con Kiev para que nadie se sintiera amenazado. Pidió negociaciones sustanciales para alcanzar acuerdos concretos con garantías jurídicas que impidan la expansión de la OTAN y el despliegue de sistemas de armamento en su frontera. Este es el reto de la administración Biden tras el diálogo por megafonía.

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