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Escándalo real: el annus horribilis, o el año oscuro de la reina Isabel II

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Desde su coronación hace casi 70 años, la reina Isabel II siempre ha sabido mostrarse impasible en los momentos difíciles. Algunos dirían incluso que su compostura británica le ha jugado a veces una mala pasada, como durante la muerte de la difunta Lady Diana en 1997, cuando se señaló su silencio. Pero no importa. La Reina de Inglaterra lo sigue demostrando décadas después: sigue imperturbable, a pesar de los escándalos que no han dejado de manchar a la monarquía británica. La retirada del príncipe Harry y Meghan Markle, su entrevista televisiva con Oprah Winfrey, los problemas legales del príncipe Andrés en el asunto de Jeffrey Epstein y la desaparición del príncipe Felipe son elementos que podrían haber hecho vacilar al soberano en los últimos meses. Sin embargo, esto no ha ocurrido. Hay que decir que hace treinta años pensaba que ya había vivido lo peor con un año 1992 marcado por los escándalos. Ella, que suele ser tan inflexible, acabó confesándolo ella misma en un discurso por su cuadragésimo año de reinado: «1992 no es un año que recordaré con placer. En palabras de uno de mis corresponsales, fue realmente un annus horribilis («año horrible» en francés)».

El annus horribilis de la Reina

Para entender estas pocas palabras pronunciadas por Isabel II el 24 de noviembre de 1992 en el Guildhall, tenemos que retroceder unos meses. Y más concretamente en marzo de 1992, cuando la Reina vivió su primera decepción del año: la separación del Príncipe Andrés y Sarah Ferguson. Casados desde el 23 de julio de 1986 y ahora padres de dos hijas, la princesa Eugenia y la princesa Beatriz, la pareja comprobó que la distancia había dañado su relación en su momento. Por un lado, el hijo de la Reina sigue sirviendo en la Marina Real y es desplegado regularmente en misiones en el extranjero. Por otro lado, la Duquesa de York se ha convertido en el objetivo favorito de los paparazzi y tiene que hacer frente a la creciente presión mediática. Esta atención exacerbada sólo conducirá a su separación, pero Isabel II puede estar segura de que permanecerán unidos hasta el final. Incluso cuando un escándalo les afecta inevitablemente unos meses después, empañando la imagen de la monarquía en el proceso. Pero, por el momento, es otra separación que la soberana debe afrontar dentro del clan Windsor.

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Única hija de la reina Isabel II, la princesa Ana también decidió poner fin a su relación con su marido y padre de sus hijos, Mark Phillips, en abril de 1992. Y lo que es peor, solicitó el divorcio en un momento en que la separación de las parejas reales seguía siendo objeto de críticas. Pero para la hermana del Príncipe Carlos, ésta era la única salida, ya que había visto su vida privada expuesta en la prensa en varias ocasiones. En 1989, el diario sensacionalista «The Sun» anunció que la princesa Ana, casada con Mark Phillips desde 1974, había mantenido una relación epistolar con el escudero Timothy Laurence. El escándalo estalló en el Reino Unido, pero no sería el último para la monarquía. Dos años después, le tocó a Mark Phillips ser objeto de escándalo cuando una tal Heather Tonkin afirmó haber tenido un hijo con él. La familia real sabe que esta unión no puede continuar. Como la del Príncipe Carlos y Lady Di.

Palacio de Buckingham

©PA Photos/ABACA

«Diana: su verdadera historia»

Si hasta ahora las desgracias de la familia real se habían mantenido cuidadosamente en secreto tras las puertas del Palacio de Buckingham, 1992 marcó un punto de inflexión. Los escándalos salieron a la luz, por no decir a las portadas de la prensa mundial, y fueron apoyados por algunos libros ahora famosos. Para gran disgusto de la Reina Isabel II. De hecho, es difícil olvidar «Diana: su verdadera historia», la biografía del periodista Andrew Morton, publicada en junio de 1992. Mientras el matrimonio del Príncipe Carlos y Lady Diana se desmoronaba con el paso de los años, el libro de Morton sacó a la luz lo que todo el mundo ya sospechaba: las infidelidades del Príncipe de Gales con Camilla Parker Bowles. A pesar de su matrimonio con la joven Diana Spencer y del nacimiento de sus dos hijos, Guillermo y Harry, nunca consiguió olvidar a su primer amor, al que conoció en 1970. Y el autor no se queda ahí, ya que también denuncia el mal trato de la familia real hacia Lady Di, que estaba aislada y sufría depresión y bulimia. «Me volví bulímica una semana después de comprometernos (y tardé casi una década en recuperarme). Mi marido me puso la mano en la cintura y me dijo: ‘Oh, estás un poco gordita ahí, ¿no?’ y eso desencadenó algo en mí. Y con la historia de Camilla. Estaba desesperada», confesó en sus grabaciones con Andrew Morton. El escándalo volvió a golpear a la monarquía. Ese mismo año, el Primer Ministro John Major anunció finalmente la noticia: el Príncipe Carlos y la Princesa de Corazones se habían separado oficialmente. Se trata de la tercera ruptura matrimonial de la familia real en 1992.

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Sarah Ferguson en el centro del escándalo

La separación de Carlos y Lady Di podría haber sonado como el fin de los escándalos, pero la realidad iba a ser muy distinta. Mientras la pareja -todavía casada en ese momento- se desgarraba a través de los medios de comunicación, fue Sarah Ferguson quien volvió a ser noticia. En agosto de 1992, aunque siempre había permanecido cerca del Príncipe Andrés, la Duquesa de York se vio en el centro de un escándalo que sacudió a la monarquía. Durante su estancia en Saint-Tropez, fue fotografiada besando los pies de su asesor financiero, John Bryan, delante de la pequeña Eugenie d’York, que tenía entonces dos años. El asombro fue total. Tanto más cuanto que, cuando las fotos aparecieron en la prensa unos días más tarde, se encontraba en el castillo de Balmoral en compañía de la familia real, de la que se dice que la echó unos minutos más tarde.

Hasta ahora, la reina Isabel II siempre se había cuidado de no hablar públicamente de los problemas de la familia real, prefiriendo concentrarse en sus deberes reales. Sin embargo, el 24 de noviembre de 1992 decidió romper el hielo hablando por primera vez de su «año horrible». Y la Reina sabía de lo que hablaba, ya que unos días antes también había tenido que hacer frente a un violento incendio en su residencia del castillo de Windsor, que causó grandes daños en el ala norte. ¿El golpe de gracia para la Reina de Inglaterra? Una cosa es segura, estas pocas palabras del latín, annus horribilis, se convertirán en una expresión popular que aún hoy se recuerda.

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