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Crece la impaciencia de Zelensky con la OTAN

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«¿Qué está haciendo la OTAN? ¿Está dirigido por Rusia?» Con cada discurso, el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, se impacienta un poco más con Occidente, a riesgo de confundir su mensaje de unidad y solidaridad con los ucranianos.

Desde el inicio de la ofensiva rusa, el 24 de febrero, ha pedido en repetidas ocasiones la creación de una zona de exclusión aérea para detener los bombardeos de ciudades e infraestructuras ucranianas e invertir el curso de la guerra.

Volodymyr Zelensky, que se ha convertido en el símbolo de la resistencia ucraniana, también pide más armas, incluidos aviones, además de los miles de misiles antitanque y antiaéreos que ya han entregado los estadounidenses, los británicos y los países de la Unión Europea.

«Tienes al menos 20.000 tanques […] ¡Ucrania ha pedido el 1% de todos sus tanques! Dénnoslos o véndanlos», dijo el 24 de marzo.

Los países de la Alianza Atlántica se niegan obstinadamente a comprometerse con una zona de exclusión aérea, lo que significaría su participación directa en el conflicto con los rusos.

Lo mismo ocurre con la entrega de aviones o tanques a Ucrania. «Hoy, nadie cruza este límite porque es evidente que caracteriza la cobeligerancia», resumió Emmanuel Macron.

«Miedo a Rusia»

El presidente francés es uno de los pocos líderes occidentales que sigue hablando con Vladimir Putin y ofreciéndole su mediación en el conflicto, de acuerdo con Volodymyr Zelensky.

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Aunque Francia se mantiene discreta en cuanto a su ayuda militar a Kiev -para no revelar información que los rusos podrían explotar-, también ha entregado misiles antitanque a Kiev, según el diario Le Monde.

No obstante, el presidente ucraniano tuvo unas duras palabras para su homólogo francés en una entrevista con el semanario británico El Economista emitido este fin de semana.

Emmanuel Macron tiene «miedo de Rusia», bromeó, tras los comentarios del presidente francés sobre la no beligerancia. «Para ser honesto, [Boris] Johnson ayuda más», añadió.

A raíz de esto, la presidencia francesa consideró oportuno señalar que todos los occidentales, incluidos los británicos, tenían la misma posición, a saber, «proporcionar armas defensivas y letales» pero con «una línea roja» de no beligerancia.

En la misma entrevista, el Presidente Zelensky también señaló claramente a Alemania como uno de los países para los que «es mejor que la guerra termine pronto, porque Rusia es un gran mercado para ellos y su economía está sufriendo».

«Acto fundacional»

El presidente húngaro, Viktor Orban, que tiene fama de ser cercano a Rusia, tampoco se libra, aunque se ha sumado a las sanciones europeas contra Rusia.

Para Isabelle Veyrat-Masson, especialista en comunicación política del Centre national de la recherche scientifique (CNRS) de París, en esta crisis «todo el mundo compensa en cierto modo la ausencia de resultados» con la violencia de sus expresiones y palabras.

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«Debemos ir muy lejos [dans l’interpellation] para ser creíble», dijo a la AFP. Pero el riesgo es también ir «demasiado lejos» y «perder credibilidad», advirtió.

Sin embargo, por el momento, Volodymyr Zelensky tiene una ventaja clave en términos de imagen. «Se enfada porque cree que las cosas no van lo suficientemente rápido. Pero él tomó la decisión de quedarse en Kiev, está allí, resiste. Todo lo demás es positivo gracias a este acto fundacional», añade el investigador.

Su discurso también corre el riesgo de alimentar las divisiones que todavía amenazan con resurgir en Europa, aunque la UE haya conseguido mostrar una unidad ejemplar desde el inicio de la guerra en Ucrania.

En Europa del Este, Alemania y Francia siguen siendo sospechosos de querer una «desescalada a cualquier precio» con Moscú, afirma Wojtciech Lorenz, analista del Instituto Polaco de Asuntos Internacionales (PISM) de Varsovia.

«Cuando se definen las líneas rojas, se da al adversario un margen de maniobra para hacer lo que quiera», dijo a la AFP. «El riesgo es grande de que la unidad europea se evapore cuando Rusia se muestre dispuesta a negociar», dijo.

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Soy profesor universitario de economía, aficionado al golf y a los coches, y me gusta especialmente Asia. Vivo entre España y Portugal.