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El diccionario propone 14 acepciones y ninguna de ellas me ‘enamora’. Una amena conversación con el profesor de la ULPGC, especialista en comunicación y emociones, José Ramón Moreno, logró despertar mi atención. Coincido con él en que partimos de un fenómeno complejo y multifacético. José Ramón nos ‘descubre’ la teoría triangular de Sternberg con tres componentes básicos: intimidad, pasión y compromiso.
La intimidad o cariño, entendida como cercanía, unión y afecto hacia el otro; la preocupación por promover su bienestar, dar y recibir apoyo emocional y compartir las propias posesiones y la propia persona. La pasión o estado de excitación mental y física, donde la atracción y el deseo sexual son partes fundamentales de esta dimensión. El compromiso, como la decisión de querer a alguien (a corto plazo) y comprometerse a mantener ese amor (a largo plazo), componente -explica José Ramón- que suele darse conjuntamente con los otros dos (intimidad y pasión), pero también puede aparecer solo, por ejemplo, en relaciones largas cuando la pasión y la intimidad han desaparecido y sólo queda la voluntad de permanecer juntos.
Las distintas interacciones entre intimidad, pasión y compromiso derivarán en amores románticos, compañeros o fatuos. El primero, cuando los amantes se atraen tanto física como emocionalmente, pero ese sentimiento de unión y compenetración no va acompañado de compromiso. En el segundo, predomina la preocupación por la felicidad y bienestar de la otra persona, dándose un apoyo mutuo a nivel social, de comunicación y comprensión. El último es la suma de pasión y compromiso, dos personas que se casan en pocas semanas sería un ejemplo.
El experto añade tres tipos más que se dan en la sociedad occidental. El amor como juego, con ausencia de fuertes vínculos emocionales; el práctico, en el que el análisis racional costes-beneficios reemplaza la excitación y el drama; y el maniático, donde los celos y frecuentes cambios en el estado de ánimo tiñen de gris el deseo de amar.
Mis ‘ingredientes’ serían intensas e íntimas dosis de pasión, complicidad, muchísimo cariño en el sentido de desear siempre lo mejor para el otro y por supuesto compromiso. Sin embargo, los científicos sostienen que depende de la FEA (Fenil-Etil-Amina), la molécula que se produce en el cerebro cuando verdaderamente sobreviene el amor.
Entonces… ¿El amor es sólo química? ¡Feliz San Valentín a tod@s!
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