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masquetendencias.com / Ana Ortiz. Psicóloga. Terapeuta Sexual y de Pareja.
Miércoles, 20 febrero 2013 | Leída 410 veces
Salud sexual

¿Por qué tengo dos?....una versión masculina

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¿Por qué muchos hombres no se conforman con una mujer como compañera sino que prefieren dos, tres o más, las que se pueda tener sin volverse loco en el amplio sentido del término? O tantas mujeres como pueda mantener en igualdad, como diría algún musulmán o mormón. El caso es que no es esa la cuestión, no se piensa así, nunca es así

[Img #3834]La cosa es que, tonterías aparte, un hombre, como una mujer, se compromete e inicia una vida en pareja con todas sus consecuencias, para lo bueno y lo malo, como dice la Iglesia hasta que la muerte los separe o por lo menos, un trayecto en este viaje de la vida juntos, que no es poco. Las intenciones son las mejores pero los resultados, esas cosas de la vida que se suele decir, puede que dicten una sentencia que no es todo lo agradable que cabe suponer teniendo en cuenta las mejores intenciones del inicio.



A la vida real en pareja se suele unir un tercer elemento que es sumamente nocivo y destructor de la pasión primero, del amor después y de la convivencia a la postre: es la rutina, esa visitante que llega para quedarse y que destruye todo a largo plazo, algo así como la hipertensión, pero de efectos inmediatos. Lo que antes era agradable se transforma en lo de siempre, lo que era un bello lunar ahora es una verruga, lo que eran unos kilitos ahora es gordura; lo bello, la vida en común llega al tedio, que se une y se suma a una existencia cotidiana actual no precisamente romántica o poética. Porque no hay nada menos romántico que facturas a pagar, unas jornadas largas, un subsidio, por no hablar del paro. No hay peor remedio contra el enamoramiento que estas rutinas que convierten la vida del hombre y de la pareja en miserable. 

[Img #3836]¿Qué es el trabajo? Una esclavitud, un desastre, una mierda, pero es nuestro asidero a la vida, nuestro modo de pagar deudas para vivir en el mundo. En ese momento, y no me pregunten por qué, nuestra pareja no existe como tal. Sí, ya se, está ahí, pero la llegada a casa no es sino una continuación del suplicio laboral porque el cerebro no se resetea, los problemas siguen ahí, no quedan atrás, las facturas, la compra, los niños, básicamente lo que falta. La cabeza no puede más y toda existencia y pareja supone más de lo mismo, más de esa miseria diaria que nos permite vivir, mal, pero sobrevivir. 

La pareja entonces es un todo, forma un total con el trabajo, la rutina, los madrugones, la cola, las broncas de los jefes, las impertinencias de clientes…todo es fracaso. Se necesita un triunfo que deje atrás esos problemas y a falta de loterías, una chica que atienda, que piense (o eso diga) que un hombre así es interesante, merece la pena, al menos que sonría, que ya es algo, desde luego que la rutina se queda en casa.

[Img #3833]Llegar a esa mujer, la segunda, podía no ser fácil hasta hace años en que se exigía una vida aparte en la calle, pero las nuevas tecnologías han hecho mucho por la ruptura de las parejas y casi nada por mantenerlas. La red es clave para que alguien con una vida que cree vacía, que está solo aunque se esté en familia, encuentre otra pareja, alguien que devuelva emociones, que aprecie el físico, que obligue a cuidados, a mejorar el aspecto personal, a los detalles que creíamos olvidados, alguien que haga que un hombre se sienta triunfador, aunque solo sea por unas horas al día, aunque solo sea por unas conversaciones a escondidas. Eso suele ser todo, una pareja abandonada por la rutina que encuentra un rincón furtivo de emociones y nada serio. 

Para llegar a dar ese paso de más se necesitan añadidos, como un cálculo serio de qué pierdo y qué gano con el cambio de pareja. Eso o el hastío de la pareja oficial, que también juega en esta partida y que asimismo está inmersa en una relación podrida. Si no hay reacción en la pareja y me refiero a acabar con la rutina, lanzarse a nuevos retos como pareja, mejorar afectivamente y sexualmente, se sucederán los fracasos y entonces las segundas, terceras, cuartas y enésimas parejas hasta la ruptura final, que estará cantada

[Img #3832]Eso es todo, es muy simple, se llega a la segunda pareja por el fracaso de la primera, pero esa derrota muchas veces cuesta aceptarla, aunque se sea consciente de que ha llegado. Los intereses y perjuicios que una ruptura formal ocasionan no dejan ver la realidad. Se puede revertir todo el mal y el aburrimiento empezando de nuevo la pareja, pero hay que luchar mucho, tener toda la determinación y voluntad, quererse y entregarse, creer que su vida en común merece la pena, luchar juntos, luchar por seguir. Por el contrario, para mantener el juego con la segunda no hay que hacer nada y desgraciadamente la mayor parte de las veces se impone la ley del mínimo esfuerzo. 

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